¿Qué saber antes de alquilar un auto?
¿Te imaginás recorrer un destino a tu ritmo, frenar en ese pueblito que te llamó la atención, desviarte para conocer un lugar que no estaba en tus planes o quedarte un rato más disfrutando de un paisaje? Alquilar un auto puede darte esa libertad y hacer que tu viaje sea una experiencia completamente diferente.
Pero ¿siempre conviene? No necesariamente. En algunos destinos, el transporte público funciona tan bien que no necesitás manejar. En otros, combinar trenes, buses y aplicaciones de transporte puede resultar más práctico. Y hay viajes en los que tener un auto propio por unos días te simplifica todo.
La clave está en evaluar qué tipo de viaje querés hacer, cuántas personas viajan y cuánto te va a costar realmente tener el auto, más allá del precio que ves al reservar.
En esta guía de Allá Voy te contamos cuándo conviene alquilar un auto, qué comparar con otras alternativas y qué revisar para evitar sorpresas al momento de retirarlo y devolverlo.
No hay una única respuesta: depende del destino, del itinerario y de tu forma de viajar. Estas son algunas situaciones en las que alquilar un auto puede ser una gran idea.
Una de las mayores ventajas de alquilar un auto es la libertad de armar tus propios tiempos.
¿Querés salir temprano para ver el amanecer? ¿Frenar en un mirador? ¿Quedarte más tiempo en una playa y después cenar en un restaurante alejado del centro? Con un auto, no dependés de los horarios del transporte público ni de conseguir un vehículo de una aplicación cada vez que necesitás trasladarte.
Además, podés modificar los planes sobre la marcha. A veces, esa flexibilidad es justamente lo que necesitás para disfrutar más del viaje.
Hay destinos en los que las principales atracciones están bastante dispersas o donde el transporte público no llega con facilidad.
Pensá en una ruta por los pueblos de la Toscana, un recorrido por la Costa Oeste de Estados Unidos, las playas de Brasil alejadas de los centros urbanos o una escapada por la Patagonia.
En esos casos, alquilar un auto puede ahorrarte tiempo y permitirte conocer lugares que serían más difíciles de visitar con transporte público.
Eso sí: antes de reservar, investigá las distancias reales, el estado de las rutas, los peajes, el estacionamiento y si hay zonas a las que no está permitido ingresar con determinados vehículos.
¡Acá vale la pena sacar la calculadora!
Si viajan cinco personas, por ejemplo, compará el costo total de alquilar un auto con el de comprar cinco pasajes de tren, bus u otro medio de transporte. En determinados destinos y recorridos, el alquiler puede costar lo mismo o incluso menos que pagar todos esos pasajes.
Además, si viajan con valijas, el auto puede resultar mucho más cómodo.
Pero no te quedes solamente con el precio del alquiler: sumá combustible, peajes, estacionamiento, seguros y posibles extras. También verificá que el vehículo tenga espacio suficiente para todos los pasajeros y su equipaje. Que entren cinco personas no significa necesariamente que entren cinco valijas grandes.
Si tu plan es recorrer varias ciudades, pueblos o parques naturales, un auto puede ser el compañero ideal.
Podés diseñar un itinerario con distintas paradas, dormir en lugares diferentes y disfrutar del camino, en lugar de limitarte a los puntos conectados por transporte público.
Eso sí, considerá cuánto tiempo vas a pasar manejando. Un itinerario que parece corto en el mapa puede implicar muchas horas al volante, y conviene dejar espacio para descansar y disfrutar de cada lugar.
Alquilar un auto no siempre es la mejor alternativa.
Si vas a pasar varios días en una ciudad con una buena red de subtes, trenes y buses, probablemente no necesites un vehículo durante toda la estadía. Además del alquiler, tendrías que pagar estacionamiento y ocuparte de circular por calles que quizás no conocés.
Las aplicaciones de transporte también pueden ser una buena solución para trayectos puntuales, especialmente si viajás solo o en pareja y no necesitás hacer muchos traslados.
¿Y los buses y trenes? Son excelentes alternativas para conectar ciudades, evitar el tráfico y descansar durante el recorrido. En algunos destinos, incluso te permiten disfrutar del paisaje sin tener que estar pendiente del camino.
Parece obvio, pero vale la pena recordarlo: si tu plan incluye tomar alcohol, lo mejor es organizar el transporte de antemano y dejar el auto para otra ocasión.
Por ejemplo, si viajás a Mendoza y querés recorrer bodegas, disfrutar de las degustaciones y probar los vinos de la región, quizás te convenga contratar un tour o un bus que conecte las distintas bodegas. Así, todos pueden disfrutar de la experiencia sin tener que preocuparse por quién maneja después.
Una opción que muchas veces funciona muy bien es combinar alternativas: moverte en transporte público por la ciudad y alquilar un auto solamente para los días en los que querés recorrer lugares más alejados asegurándose de tener un conductor designado responsable.
Encontraste un precio que parece una oportunidad. Elegiste el modelo, seleccionaste las fechas y estás a un clic de reservar. Antes de hacerlo, hay algunas cosas que conviene revisar con atención.
Dos alquileres pueden parecer muy diferentes en precio y, sin embargo, terminar costando bastante parecido cuando sumás todos los conceptos.
Revisá qué incluye la tarifa y qué se cobra aparte. Prestá atención a los seguros, los impuestos, los cargos del aeropuerto o de la sucursal, los conductores adicionales, los accesorios y cualquier otro concepto que pueda aplicarse.
También verificá si el precio cambia según el lugar de devolución o si hay un cargo extra por retirar el auto en una ciudad y devolverlo en otra.
Tip de Allá Voy: compará el costo total por el mismo período, con condiciones equivalentes. Una tarifa inicial más baja no siempre representa la opción más económica.
Este es uno de los puntos más importantes y también uno de los que más confusión puede generar.
No todas las coberturas son iguales. Dependiendo del país y del contrato, podés encontrar distintas protecciones, como las siguientes:
Responsabilidad civil frente a terceros: cubre determinados daños que puedas ocasionar a otras personas o a sus bienes, según las condiciones y los límites de la póliza. No significa que estén cubiertos todos los daños del auto alquilado.
Cobertura por daños al vehículo (CDW o LDW): puede limitar tu responsabilidad económica ante determinados daños o robos del auto, pero no necesariamente elimina lo que tendrías que pagar. En muchos casos tiene una franquicia y exclusiones.
Protecciones adicionales: pueden reducir o eliminar la franquicia o ampliar la cobertura para determinados elementos, como vidrios, neumáticos o partes del vehículo, según el producto contratado.
Los nombres y las condiciones cambian según el destino y la empresa. Por eso, no te guíes solamente por expresiones como “seguro incluido” o “cobertura total”: pedí que te expliquen exactamente qué cubre, qué excluye y cuánto tendrías que pagar si ocurre un daño.
La franquicia es el monto que puede quedar a tu cargo ante un daño cubierto, según las condiciones del contrato.
Imaginá que alquilaste un auto para pasar un fin de semana, contrataste una cobertura con una franquicia elevada y, al devolverlo, detectan un rayón que no estaba registrado cuando lo retiraste. Dependiendo del contrato, podrías tener que afrontar un gasto importante, incluso si el alquiler original te había parecido muy económico.
Por eso, antes de reservar, preguntate:
¿Cuál es el monto de la franquicia?
¿Se aplica por cada incidente?
¿Qué daños están cubiertos y cuáles quedan excluidos?
¿Vidrios, neumáticos, llantas, techo y parte inferior del auto tienen alguna limitación?
¿Puedo contratar una cobertura que reduzca o elimine la franquicia?
Si contrato una protección externa, ¿cómo funciona el reclamo y quién me cobra inicialmente?
Ojo: una cobertura que reduce la franquicia no necesariamente cubre todos los daños. Leé las condiciones y compará el costo de las distintas opciones.
La idea no es contratar el seguro más caro por las dudas, sino entender el riesgo que estás asumiendo y elegir una protección acorde a tu viaje.
Además del precio del alquiler, la empresa puede solicitar una garantía mediante una preautorización en tu tarjeta de crédito.
Esto significa que una parte del límite disponible queda temporalmente reservada como garantía. No es necesariamente un cobro definitivo, pero durante ese período podés quedarte sin disponer de ese monto.
El importe depende de la empresa, la categoría del vehículo, la cobertura contratada y las condiciones de la reserva.
Antes de viajar, confirmá:
Qué monto van a bloquear.
Qué tipo de tarjeta aceptan y a nombre de quién debe estar.
Si exigen que la tarjeta sea de crédito física.
Qué ocurre si no tenés límite suficiente.
Cuánto puede demorar la liberación de la garantía una vez devuelto el vehículo.
Este punto es especialmente importante si estás viajando al exterior y necesitás conservar margen en tu tarjeta para hoteles, compras y otros gastos.
Las políticas de combustible pueden cambiar bastante el costo final.
Una modalidad habitual es recibir el auto con el tanque lleno y devolverlo también lleno. En ese caso, verificá dónde hay una estación de servicio cerca de la sucursal de devolución y guardá el comprobante de carga por si lo necesitás.
Otras modalidades pueden implicar pagar el combustible por adelantado o afrontar cargos si devolvés el vehículo con menos combustible del requerido.
Antes de aceptar una opción, averiguá cuánto te van a cobrar, qué cantidad de combustible tenés que devolver y si existen cargos adicionales por el servicio de recarga.
Algunas tarifas ofrecen kilometraje ilimitado, mientras que otras establecen un límite y cobran un adicional si lo superás.
Si vas a recorrer muchos kilómetros, este detalle puede cambiar por completo cuál es la opción más conveniente.
Calculá aproximadamente la distancia de tu itinerario, incluyendo desvíos, excursiones y traslados entre el alojamiento y las atracciones. Después, compará ese número con el kilometraje incluido en el contrato.
Si vas a hacer un viaje de ruta, una tarifa con kilometraje ilimitado puede darte más tranquilidad y facilitar los cambios de planes.
Hay accesorios y servicios que pueden ser muy útiles durante un viaje, pero que no siempre están incluidos en el precio.
Algunos ejemplos:
GPS: puede cobrarse aparte. Si tenés datos móviles, también podés usar aplicaciones de navegación en tu teléfono, siempre que tengas conexión y puedas utilizarlo de forma segura.
Silla infantil o booster: si viajás con chicos, verificá qué sistema de retención exige la normativa local y si la empresa lo ofrece. No lo dejes para último momento.
Conductor adicional: si van a manejar varias personas, averiguá si está permitido y cuánto cuesta registrar a cada conductor.
Peajes y dispositivos electrónicos: algunos destinos utilizan sistemas de cobro automático. Consultá cómo se pagan los peajes y si hay cargos por utilizar el dispositivo de la empresa.
Cruce de fronteras: si pensás pasar a otro país con el vehículo, confirmá que esté permitido y si necesitás autorización, documentación o cobertura adicional.
También revisá si hay cargos por devolver el vehículo fuera del horario de atención o si existen condiciones especiales para los conductores jóvenes.
Tener una licencia de conducir vigente en Argentina no significa automáticamente que puedas manejar cualquier vehículo alquilado en cualquier país sin requisitos adicionales.
Según el destino, la duración de la estadía y las condiciones de la empresa, podrían pedirte una licencia internacional, determinada antigüedad de conducción u otros documentos.
Antes de viajar, consultá los requisitos oficiales del país y confirmá también qué documentación acepta la rentadora. No esperes a llegar al mostrador para descubrir que te falta algo.
Si vas a manejar en más de un país, verificá las reglas de cada uno.
Manejar en otro país puede ser una experiencia buenísima, pero no alcanza con saber conducir: también tenés que conocer las reglas locales.
Un ejemplo clásico es el Reino Unido, donde se circula por la izquierda y el volante suele estar del lado derecho. Si nunca manejaste de esa manera, conviene evaluar si te sentís cómodo y familiarizarte con las reglas antes de salir.
También prestá atención a los carriles exclusivos para buses, las zonas de bajas emisiones, los límites de velocidad, las rotondas, los peajes y las restricciones de acceso a determinadas áreas.
En algunas ciudades hay cámaras que registran infracciones, como circular por un carril reservado al transporte público o ingresar a una zona restringida. Una distracción puede convertirse en una multa que llegue después de tu viaje.
Antes de manejar, investigá las reglas específicas del destino y las señales que más te conviene reconocer. Si vas a visitar el centro de una ciudad con circulación complicada, quizás te convenga dejar el auto estacionado y continuar en transporte público.
¡Este paso es fundamental!
Antes de salir de la sucursal, revisá el auto con atención. No alcanza con mirar rápidamente la carrocería: verificá el estado general y dejá documentado cualquier daño que encuentres.
Te recomendamos:
Sacar fotos y videos de la carrocería desde distintos ángulos.
Revisar paragolpes, puertas, espejos, llantas, vidrios y techo.
Comprobar el estado del interior y del baúl.
Revisar que el nivel de combustible y el kilometraje coincidan con lo indicado en el contrato.
Verificar que todos los daños preexistentes figuren en el acta o documento de entrega.
Avisar al personal si encontrás un daño que no está registrado y pedir que lo incorporen antes de retirarte.
Al devolver el auto, volvé a revisar el estado del vehículo y, si es posible, pedí un comprobante de recepción que deje constancia de la devolución.
Guardá las fotos, el contrato, los comprobantes y las comunicaciones con la empresa hasta que se cierre la operación y se libere la garantía.
Estos minutos pueden ahorrarte muchos dolores de cabeza si después surge alguna discusión sobre un daño.
Si querés recorrer lugares alejados, viajar con varias personas o tener la libertad de modificar tus planes sobre la marcha, alquilar un auto puede ser una excelente alternativa.
Si, en cambio, vas a pasar toda tu estadía en una ciudad con buen transporte público, quizás te convenga alquilarlo solamente por uno o dos días, o directamente prescindir de él.
Lo importante es comparar el costo completo, entender las condiciones y elegir una opción que se adapte al viaje que querés hacer.
Porque la libertad de manejar por tu cuenta está buenísima, pero disfrutarla empieza mucho antes de poner primera: empieza cuando planificás bien.
En Allá Voy te ayudamos a organizar cada detalle para que aproveches tu viaje al máximo.
¿Estás listo para decir Allá Voy? Empecemos a armar tu viaje soñado.