Hay sueños que seguimos llevando con nosotros.
Aunque los dejemos para después. Aunque la vida nos haga creer que hay cosas más importantes. Aunque alguna vez pensemos que ya estamos grandes para eso.
Hay pasiones que no se apagan. Siguen ahí. Esperando que volvamos a escucharnos. Que les demos un lugar. Que nos animemos a creer que eso que tanto amamos, también puede ser posible.
Hasta que miramos ese sueño de frente y, aunque todavía con un poquito de miedo, pero con muchísima ilusión, y con todas las ganas, decimos: Allá Voy.
Allá Voy a buscar eso que me hace vibrar.
Allá Voy a vivir, lo que tantas veces soñé.
Y entonces llega el momento. Estás ahí. Mirás alrededor y no lo podés creer. Te detenés a escuchar. Sentís. Te emocionás. Eso que soñaste tantas veces ya no está lejos. Está acá. Está pasando. Es real. Y entendés que sí podías. Que valió la pena animarte. Que darle espacio a eso que amabas, también era una forma de volver a encontrarte.
Porque algunas experiencias no se explican. Se sienten con el corazón a flor de piel.
Y cuando por fin las vivís, entendés que el viaje nunca fue solamente llegar.
Fue todo lo que pasó desde el instante en que te animaste a decir: Allá Voy.
Allá Voy. Viaja donde tu pasión se vive al máximo.